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De la bodega de la abuela a 77 tiendas: la historia de la marca infantil que se negó a desaparecer

by Elizabeth Salazar

Desde una bodega con tres máquinas en la casa de la abuela hasta 77 tiendas en todo Chile y Perú: la historia de Pillín es la de una familia que perdió todo y lo volvió a construir con trabajo, lealtad y la convicción de que una buena prenda no tiene por qué costar el doble. Hoy, la marca que ha vestido a tres generaciones de niños chilenos celebra 70 años con más energía que nunca.

La familia Jadue, descendientes de un inmigrante palestino que llegó a Chile en 1924 y se estableció en el sur, en Carahue, sin más capital que el trabajo y la honestidad,  luego instaló en Santiago lo que sería el primer capítulo de una  larga y notable historia: una fábrica de ropa infantil, cuyos productos emblemáticos fueron los famosos piluchos con amarras, ositos y pijamas y una marca que en pocos años se haría parte del vocabulario de las familias chilenas.

Todo iba bien para Pillín, hasta que la crisis económica de los años 80 lo cambió todo. La empresa quebró, arrastrando a todo el grupo familiar. Álvaro y Jorge, hijos de Sabino Jadue, uno de los fundadores, recién egresados como ingenieros comerciales, se propusieron comenzar desde cero en 1984 con siete personas y prácticamente nada. “Empezamos con dos o tres máquinas en la bodeguita que tenía mi abuelita atrás de la casa”, recuerda Jorge. La abuela Emilia, a sus 80 años, se levantaba a las seis de la mañana, los ayudaba, cocinaba, cortaba las hilachas de los piluchos con tijera y vendía los recortes de tela como huaipe. Para los hermanos Jadue, eso no fue una anécdota: fue el manual de operaciones.

Con la marca Pillín, con el muy buen prestigio de su padre, con amigos, familiares y proveedores que los apoyaron en los créditos, volvieron a empezar con unos pocos rollos de telas. Los hermanos fueron reconstruyendo la fábrica. Para 1990 ya estaban a flote y la marca, intacta. “La marca estaba en el ADN de la familia chilena”, dice Jorge. “Llegaban mamás que decían: a mí me vistieron aquí, y ahora traigo a mi hija con su guagua. Hoy, son las nietas las que llegan.

Lo que vino después fue crecimiento sostenido con esfuerzo y perseverancia: diseño 100% chileno, comenzando el año 2000 a incursionar con manufactura en Asia; el 2007 partió la expansión de la cadena de tiendas en malls; y las tres submarcas que cubren desde el recién nacido hasta la talla 16: Pierina para niñas, Apache para niños y Tweenway para los preadolescentes. Cada una nació de escuchar al cliente: un niño de nueve años no quiere usar la misma etiqueta que su hermano bebé.

El equipo de diseño, orientado a vestir a los niños, mezcla las tendencias de las pasarelas europeas con una pregunta práctica que actúa como filtro definitivo: ¿aguanta esto para ir al parque, al colegio y la visita a los abuelos el mismo día?

En el año 2016 inauguraron su nuevo y moderno centro de distribución y oficinas en Quilicura, dando un importante paso alineado a la estrategia de crecimiento.

Cuando llegó la pandemia, Pillín ya vendía online desde 2014. Las tiendas cerraron entre marzo y agosto de 2020, pero la empresa pudo resistir ayudado por los créditos FOGAPE, las políticas laborales al y el apoyo de varios centros comerciales para sostener a sus cerca de 500 colaboradores. Debido a la explosión de la venta online se invirtió en tecnología logística e integraciones para automatizar y modernizar los flujos de despacho, así poder absorber un volumen de pedidos que se multiplicó de un día para otro. Lo que el encierro forzó, Pillín lo convirtió en una ventaja. Hoy su canal digital despacha a todo el país y es una de las apuestas más sólidas del negocio.

En paralelo, la marca avanza en Perú. El ingreso ha sido, en palabras de Jorge Jadue, “un proceso lento”: entrar con una marca desconocida a un mercado con industria textil propia exige paciencia. Pero Pillín encontró su espacio donde la producción local no llega: en el diseño con un enfoque en la moda y en un mix de productos de calidad —vestuario, ropa interior, calzado y accesorios de tendencia— que en el mercado peruano había un espacio. Hoy Pillín cuenta con 7 tiendas en Lima y la octava está próxima a inaugurar.

“Tenemos clientas que nos escriben contándonos que sus madres les compraban ropita Pillín, y que ahora ellas hacen lo mismo con sus hijos. Eso no tiene precio: significa que no solo cosimos una prenda, construimos un recuerdo”, explica Álvaro Jadue, socio de Pillín.

Hay otro dato que dice más sobre Pillín que cualquier cifra: varios de sus colaboradores llevan entre 20 y 40 años en la empresa. Personas que partieron con los hermanos Jadue cuando todo era incierto, y que siguen ahí. A 70 años del comienzo, Pillín sigue siendo una empresa familiar, sigue diseñando en Chile, y sigue recibiendo a mamás cuyos hijos van a traer, algún día, a sus propios hijos.

En el retail infantil eso se llama resiliencia. En la familia Jadue, lo llaman simplemente trabajo.

Sobre Pillín

-Fundada en 1956

-70 tiendas en Chile

-7 tiendas en Lima, Perú (la octava por inaugurar)

-Web: pillin.com

-IG: @pillinchile
–Unos 600 colaboradores; varios con 20 a 40 años en la empresa

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