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La copa también juega su propio Mundial

by Elizabeth Salazar

Cada cuatro años, millones de personas vemos al capitán de una selección levantar la Copa del Mundo. Todos entendemos su valor deportivo y simbólico, pero pocas veces pensamos en el metal que sostiene esa imagen.

El trofeo pesa 6,175 kilos y está fabricado en oro de 18 quilates, además de incorporar malaquita en su base. Si se toma su peso total como referencia, su contenido teórico equivale a cerca de 4,6 kilos de oro puro, unas 149 onzas troy. Sigue siendo el mismo oro que Lionel Messi levantó en Doha el 18 de diciembre de 2022.

Ese día, en Doha, con la onza en torno a los US$1.800, esa cantidad de oro representaba aproximadamente US$268.000. Hoy, en la antesala de la final de 2026 y con una cotización cercana a los US$4.000, bordearía los US$600.000. La Copa no cambió. No ganó peso ni sumó una nueva aleación. Lo que cambió fue el valor del metal, que en cuatro años aumentó más de 120%.

Mientras las selecciones renovaron sus planteles, cambiaron de técnicos y vieron envejecer a sus figuras, el oro permaneció exactamente en el mismo lugar. Y aun así, más que duplicó su valor.

Esa es su principal fortaleza como reserva de valor. No promete goles, espectáculo ni resultados inmediatos; ofrece protección frente a los ciclos económicos, la inflación y la incertidumbre. Quien hubiera invertido en oro durante la final de Qatar llegaría a la definición de 2026 con más del doble de su capital medido en dólares.

La Copa se entrega cada cuatro años al mejor equipo del planeta. El oro, en cambio, no necesita ganar ningún partido para seguir demostrando por qué juega en otra categoría.

Juan Carlos Cano. Gerente Comercial, Aurus Joyería.

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