Desde la industria aseguran que preparaciones tradicionales como la baguette, los croissants y la bollería artesanal han logrado mantenerse vigentes en los hábitos de consumo locales. La búsqueda de calidad, recetas con historia y experiencias gastronómicas auténticas explican el creciente interés por una cocina que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos sin perder su esencia.
Pocas tradiciones culinarias tienen una influencia tan transversal como la francesa. Desde la panadería y la pastelería hasta las preparaciones de bistró y la cultura del café, sus recetas han cruzado fronteras durante décadas, transformándose en referentes gastronómicos reconocidos en todo el mundo.
Lo interesante es que, lejos de mantenerse como una propuesta asociada exclusivamente a restaurantes de alta cocina o experiencias de lujo, muchos de sus productos más emblemáticos han encontrado un espacio cada vez más cotidiano en la vida de las personas. Hoy es común encontrar croissants artesanales, baguettes recién horneadas, quiches o brunch inspirados en esta tradición formando parte de desayunos, reuniones de trabajo o encuentros de fin de semana.
Parte de esta evolución se observa en la popularidad que han alcanzado preparaciones tradicionalmente asociadas a la cocina gala. Croissants de mantequilla, pain au chocolat, quiches, croque-monsieur, baguettes artesanales y distintos formatos de brunch figuran hoy entre las alternativas más buscadas por quienes privilegian propuestas que combinan calidad, sabor y tradición.
Según expertos del sector, parte de este fenómeno responde a un cambio en las preferencias de los consumidores, quienes valoran cada vez más la calidad de los ingredientes, los procesos artesanales y las recetas con historia detrás. “Hoy las personas buscan experiencias más auténticas. Hay una valoración creciente por productos que respetan técnicas tradicionales, que requieren tiempo de elaboración y que tienen una identidad clara. En ese contexto, la cocina francesa mantiene una vigencia enorme porque combina tradición, simpleza y excelencia”, explica Claudia Chaparro, Brand Manager de Le Fournil, marca que con una propuesta amplia y accesible, ha apuntado por democratizar el acceso a la cocina francesa. En este sentido, señala que “nacimos de la mano de emprendedores franceses que buscaban acercar los sabores de la panadería tradicional de su país al público local. Con el paso de los años, la propuesta ha evolucionado incorporando brunch, cafetería, bollería, platos de inspiración mediterránea y clásicos de bistró, manteniendo como eje central la herencia de las recetas y técnicas que dieron origen al proyecto”.
En paralelo, el brunch se ha consolidado como una de las tendencias gastronómicas más relevantes de los últimos años. Lo que comenzó como una costumbre asociada a grandes ciudades del mundo hoy forma parte de los hábitos de muchos chilenos, especialmente durante fines de semana y encuentros sociales. Su crecimiento ha impulsado el interés por preparaciones inspiradas en la tradición europea, donde conviven la panadería artesanal, los huevos, la cafetería y la pastelería en una experiencia que invita a disfrutar sin apuro. “Hoy vemos que los clientes no solo buscan llevar una baguette o un croissant para la casa. Existe un interés creciente por vivir una experiencia más completa, donde el brunch ocupa un lugar muy importante. Preparaciones como quiches, croque-monsieur, huevos pochados, tostadas francesas y nuestra propuesta de cafetería han ganado mucho protagonismo en los últimos años”, asegura Chaparro.
Así, en un escenario donde las tendencias gastronómicas cambian constantemente, la permanencia de estos clásicos demuestra que algunas recetas van más allá de las modas. Y aunque hoy convivan con nuevas influencias y formatos de consumo, su capacidad de reunir tradición, calidad y disfrute cotidiano parece seguir tan vigente como siempre.