Con más de 100 sabores desarrollados a lo largo de su historia y más de tres millones de bolitas de helado vendidas al año, la marca celebra un cuarto de siglo marcado por la evolución de los hábitos de consumo. Sabores como rosa, miel de ulmo, leche asada o limón menta albahaca conviven hoy con una propuesta gastronómica que se extendió mucho más allá del helado.
Hace 25 años, en un pequeño local de calle Merced, en pleno barrio Lastarria, comenzaba una historia ligada a uno de los productos más universales de la gastronomía, pero con una mirada particularmente local: elaborar helados artesanales inspirados en sabores, ingredientes y preparaciones reconocibles para los chilenos. Así nació Emporio La Rosa. Desde entonces, por sus vitrinas han pasado más de 100 sabores y algunos se han convertido en clásicos que han acompañado a distintas generaciones, como Chocolate Araucano, Rosa, Leche Asada, Limón Menta Albahaca, Frambuesa Menta y Miel de Ulmo.
Un cuarto de siglo después, la escala es distinta. Emporio La Rosa cuenta actualmente con 38 locales en ciudades como Santiago, Concepción, Viña del Mar, Antofagasta y La Serena, reúne a más de 230 colaboradores y vende más de tres millones de bolitas de helado al año.
Pero su historia también refleja cómo han cambiado los hábitos de consumo durante estas dos décadas y media. Lo que nació esencialmente como una heladería fue incorporando cafetería, desayunos, almuerzos, pastelería, sándwiches y preparaciones de cocina chilena, respondiendo a consumidores que ya no necesariamente buscan un único producto, sino lugares capaces de acompañar distintos momentos del día.
“Emporio La Rosa ha ido cambiando junto con sus clientes. Los helados siguen siendo el corazón de nuestra propuesta, pero hoy las personas también nos eligen para desayunar, almorzar, tomar un café o encontrarse con otros. El desafío durante estos años ha sido evolucionar sin perder aquello que nos identifica desde el comienzo: la elaboración artesanal, la innovación y la conexión con sabores que forman parte de nuestra cultura”, explica Maite Urbina, Product Manager de Emporio La Rosa.
Entre los clásicos y nuevos sabores
Esa combinación entre cambio y permanencia también se observa en la carta. Mientras preparaciones como los waffles con helado, copa brownie, pastel de choclo, calzones rotos o lasaña boloñesa se encuentran actualmente entre las más demandadas, los helados artesanales continúan siendo la categoría emblemática. La búsqueda de nuevos sabores tampoco se ha detenido. Para sus 25 años, Emporio La Rosa desarrolló una colección que vuelve a mirar ingredientes y preparaciones vinculadas a Chile, con variedades como Papaya Menta, Hojarasca Manjar Frambuesa, Mora Sour, Rosa Frambuesa y Arroz con Leche Naranja.
“Hay sabores que se transformaron en clásicos y que distintas generaciones siguen buscando, mientras otros responden a nuevas combinaciones y formas de consumir. Esa convivencia entre lo conocido y lo nuevo ha sido parte importante de nuestra historia y también explica por qué, después de 25 años, seguimos desarrollando nuevas propuestas”, agrega Maite.
Bajo el concepto “Compartiendo lo nuestro”, el aniversario busca poner en valor precisamente esa relación entre gastronomía, identidad y memoria. Como parte de esta mirada, Emporio la Rosadesarrolló junto a Madison “Aroma Rosa”, un home spray inspirado en su tradicional helado de rosa, trasladando por primera vez uno de sus sabores más reconocibles hacia el mundo de los aromas.
Los 25 años coinciden además con el inicio de una nueva etapa para Emporio La Rosa, que contempla una renovación de su imagen y la búsqueda de nuevas formas de interpretar sabores y experiencias, manteniendo como punto de partida aquello que ha marcado su trayectoria.
“Cuando hablamos de ‘Compartiendo lo nuestro’, no nos referimos solamente a nuestros productos. Hablamos de sabores, recetas y tradiciones, pero también de momentos y recuerdos que durante 25 años se han ido construyendo junto a nuestros clientes. El desafío ahora es proyectar esa historia hacia nuevas generaciones sin perder nuestra esencia”, concluye Urbina.