- Desde la optimización de procesos químicos hasta su papel decisivo en dos investigaciones galardonadas con el Premio Nobel en 2024, la inteligencia artificial (IA) está redefiniendo cómo la ciencia y la industria investigan, desarrollan e innovan.
Aunque la antigüedad de la inteligencia artificial es relativa, lo cierto es que ya casi no se concibe la investigación científica -en los más variados campos- sin ella. Un estudio publicado en la revista científica Nature, por ejemplo, muestra que un modelo inteligente permitió predecir cómo se organizan los átomos de 2,2 millones nuevos materiales, lo que equivale a casi 800 años de conocimiento acumulado por la humanidad. Y con ese conocimiento, cientos de materiales ya fueron fabricados y confirmados en laboratorios de todo el mundo.
El reconocimiento más importante respecto a IA en la industria científica llegó en 2024, cuando se entregaron los Premios Nobel de Física a John Hopfield y Geoffrey Hinton por proyectos basados en inteligencia artificial. El Nobel de Química, en tanto, reconoció a David Baker, Demis Hassabis y John Jumper por crear AlphaFold, un programa con IA capaz de predecir en minutos la forma que adoptan las proteínas (las moléculas que hacen funcionar a los seres vivos).
No hay duda de que la IA cambió drásticamente la forma de hacer ciencia. Un estudio de McKinsey señala que en la industria farmacéutica, por ejemplo, la IA podría generar entre USD $60.000 y USD $110.000 millones en valor económico anual, gracias a mejoras en investigación, desarrollo y producción.
Un ejemplo es ZoomLab, de BASF Pharma Solutions, un asistente virtual inteligente capaz de analizar miles de combinaciones químicas antes de comenzar las pruebas en laboratorio. La herramienta se está utilizando para crear medicamentos de manera más segura y a menor costo, ya que permite a los científicos elegir los ingredientes correctos y predecir si una mezcla, que puede ser una píldora o un jarabe, funcionará bien, antes de pasar a la etapa de estudio en el laboratorio.
ZoomLab también está a disposición de instituciones educativas. En Chile, por ejemplo, la herramienta se utilizó para capacitar a alumnos y profesores del Magíster en Ciencias Farmacéuticas de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas de la Universidad de Chile, confirmando el interés del mundo académico por incorporar este tipo de tecnologías. De hecho, la empresa alemana ya trabaja en nuevas jornadas de exposición y capacitación con la Universidad, con el objetivo de que más académicos conozcan y aprovechen las funciones de la plataforma.
Otras herramientas de inteligencia artificial desarrolladas por BASF, como D’lite, se han integrado a la industria del cuidado personal, acompañando el proceso de manera integral: desde entender qué busca el consumidor y cómo se mueve el mercado, hasta desarrollar la fórmula y lanzarla. A diferencia de las enfocadas estrictamente en el laboratorio, esta plataforma cruza datos científicos internos con información de mercado en tiempo real, analizando tendencias en redes sociales y sitios de reseñas, llegando a reunir información de más de 3,8 millones de productos de consumo y 4.000 marcas, además de una base de más de 4.500 formulaciones ya desarrolladas por la compañía alemana.Así, el aporte de la IA ya no se limita a acortar los ensayos de laboratorio. Hoy también permite reducir el tiempo que toma decidir qué producto desarrollar, anticipando su posible alcance y recepción en el mercado, y proponiendo conceptos alineados a lo que el consumidor realmente demanda incluso antes de llegar al laboratorio.